El estrés es una reacción fisiológica relacionada con la supervivencia. Activa el cuerpo de la persona para poder protegerla de una amenaza percibida.
Imaginemos, por ejemplo, que estamos en la calle y de pronto, una persona trata de robarnos una bolsa que tenemos en las manos. Aunque hace un instante estábamos en estado de relax, al notar el tirón nuestro cuerpo se ha activado de golpe y ahora sujeta con fuerza nuestra pertenencia. Gracias a la activación inmediata, nuestros músculos se han tensado lo suficiente para lograrlo. Después de ello, es probable que consigamos gritar para pedir ayuda, o quizás estemos tan alerta que nos quedemos en bloqueo.
En una situación así, el estrés se vuelve una mano amiga y sirve a nuestros intereses, pero… ¿Qué pasa cuando esa amenaza percibida se trata en realidad de una falsa alarma? O también, ¿qué ocurre cuando percibimos amenazas constantemente? ¿Y qué ocurre cuando lo que más me ayudaría sería una reacción más reflexiva?
Si bien se trata de un mecanismo instintivo y extremadamente eficaz, la realidad es que no siempre es la alternativa que más nos podría ayudar. Hoy en día, muchas de las amenazas percibidas proceden de percepciones internas o exigencias irrealistas, ante lo cual es muy difícil defenderse siguiendo el proceso natural del estrés.
¿Cuáles son los elementos estresantes presentes en tu vida? ¿Cuántos de ellos se solucionarían mediante el mecanismo del estrés?

